¡"Si amas al buen Jesús!"
de corazón con ternura,
vivirás siempre en la "luz"
y no verás sombra oscura.
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domingo, 27 de octubre de 2013

Amar la fe

  Me agradó mucho el tema del día de la juventud celebrado en Berlín - Lichtenberg (Alemania). 


Este fue:  "Amar la fe, vivir la fe, compartir la fe". En el mismo contexto debo decir, que especialmente me conmovió mucho la primera consigna: amar la fe.
 ¿Que quiere decir esto de amar la fe? En primer lugar vale decir en relación con ello, que amo ir a los Servicios Divinos, que amo reunirme con los hermanos y con las hermanas. Pero hay algo más profundo todavía. Creemos que Dios existe, creemos que Dios es el Todopoderoso. Es Dios el que conduce la historia de la humanidad; es Dios quien conduce y guía mi vida. No estoy expuesto a ningún capricho del destino, tampoco estoy expuesto a las arbitrariedades de algún poder.

   A veces tenemos la impresión de que el poder escribe la historia del mundo. Hablo del poder del dinero, del poder de la violencia o de cualquier otro poder terrenal. Todos ellos determinan la vida del hombre, determinan la historia y también mi vida: esa es la opinión generalizada. Entonces, es bueno saber que no es cualquier poder, que no es ni el dinero ni la política, ni tan poco otra cosa, sino que es Dios quien determina mi vida. Él escribe la historia de la humanidad. Él escribe mi historia. Es lo que amo de mi fe.
  También amo creer que no solo tenemos fe en Dios, sino creemos que este Dios todopoderoso es un Dios de amor. Él sólo persigue una meta: quiere conducir a todas las personas a la comunión con Él.
¿Donde hay otro Dios todopoderoso como este, allí sentado en su trono en lo alto? Este Dios vino a nosotros en Jesucristo, en toda humildad y entregó su vida por nosotros. Todavía ni siquiera había yo nacido, ni siquiera había hecho algo, cuando Él ya me amaba incluso antes de que yo comenzara a existir.
  También amo la fe en los siguientes términos: amo esta fe que cualquiera puede comprender. Porque cualquiera puede comprender facilmente el Evangelio. El Señor Jesús no solo está con el grande, el fuerte y el mejor, sino que ama por igual al pobre, al débil, al imperfecto, al que anda un poco torcido, a los que han sido algo marginados. Ama a todos por igual.
  Y yo amo la fe en el pronto retorno del Señor.


Resultado de imagen de imagenes de amar la fe
Propongámonos la tarea de transmitir esta fe y de presentarla a las personas.

lunes, 27 de junio de 2011

Los días son malos

 

    Cuando en su Epístola a los Efesios, el Apóstol Pablo aconsejaba aprovechar el tiempo, y advertía que los días eran malos, no se refería a guerras, plagas, sometimiento, hambre necesidades y miseria. Lamentablemente, a lo largo de la historia de la humanidad hubo más que suficientes días malos.
   El Apóstol Pablo más bien quería advertir sobre sobre los peligros para la vida de fe, porque en tanto Satán ejerciera poder y tentara a los hombres, estos días serían malos.
      ¿Qué es lo malo de nuestra época? Cuando el amor se enfría porque la injusticia se impone. Cuando el amor al Señor cede, ya no está el primer amor y pronto faltan las respectivas obras y hechos. La postura del corazón cambia, los pensamientos migran y dejan de ocuparse de la terminación de la Obra de Dios. Esto no debe suceder porque según dice el Apóstol Pablo en otro pasaje: "El amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo". ¡Es decir que nuestro gran tesoro es permanecer en el primer amor  También el peligro de cansarnos y adormecernos caracterizan los malos días. En la parábola de las vírgenes fatuas, el Señor Jesús advirtió sobre ello. Del cansancio en la fe nos proteje la palabra en el Servicio Divino, la fuerza de la Santa cena, el perdón de los pecados, la cordial comunión en el seno de la comunidad.
     La superficialidad y la falta de interés son otras características de los tiempos malos. Quien aprecia las cosas que carecen de importancia para nuestra terminación en igual medida que la Obra de Redención, quien deja enfriar el ofrecimiento de Dios, quien se debilita en la fe y ya no espera la venida de Cristo, este se deja vencer por las amenazas de los malos días.
     Aunque el tiempo sea muy malo vivimos la "época dorada de la gracia", la terminación de la Obra de Dios. Por eso el Apóstol Pablo convocó a aprovechar el tiempo. Esto sucede si aprovechamos la oferta de gracia de Dios, comprendemos su palabra con fe y actuamos según ella e incluso transitamos, con sus consecuencias, el camino hacia la meta.
   El Apóstol Pablo advirtió: "Por tanto no seáis imprudentes, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor". Dios quiere nuestra santificación a través de su palabra, nuestra redención a través de la gracia proveniente del sacrificio de Cristo y la preparación de nuestra alma para el día del Señor, por el obrar del Espíritu Santo. ¿Porque no aprovechar siempre estas ofertas de amor y redimir el tiempo?  porque: el que persevare hasta el fin este será salvo".
    




domingo, 5 de junio de 2011

Aún sabemos una parte


Mientras vivamos en la tierra no tendremos reconocimiento total del obrar y activar de Dios. Por eso, en su momento el Apóstol Pablo escribió a los Corintios: "Ahora conozco en parte". pero con vistas al día de la segunda venida de Cristo, agregó:" ...mas entonces conoceré como soy conocido".
  El Espíritu Santo ya nos ha revelado muchas cosas: el amor y todo el poder de Dios, la importancia del sacrificio de Jesús para salvar y redimir a los pecadores, nuestra elección y vocación por la gloria eterna. ¡Agradezcamos de corazón por todo lo que se nos permite reconocer!
  Aunque hoy sólo reconozcamos en parte algunas cosas, tengamos la certeza de que el Señor, si nos reconoce. Él ve todo, porque delante suyo somos como un libro abierto. Delante de Dios nada podemos ocultar; sería ciertamente poco inteligente querer ocultar algo a su divina Majestad. Por un lado, para nosotros esto es una advertencia; pero por el otro también es motivo de enorme alegría y un gran consuelo.
  Él ve nuestra fe y nuestra lucha por ella, nuestro amor hacia su Obra y nuestra disposición al sacrificio. También ve nuestra esperanza, nuestro anhelo y nuestra fidelidad, nuestra intención. Él ve nuestras faltas, que a veces cometemos el mismo error cientos de veces y nos enojamos por nuestra debilidad. Él ve nuestro arrepentimiento y nos perdona cientos de veces la culpa y el pecado. El Señor también conoce todas nuestras preocupaciones y urgencias; esto debe ser un gran consuelo para nosotros, porque siempre quiere seguir ayudando. El trabajo divino apunta a perfeccionarnos.
  Podremos reconocer todo esto en su pleno alcanze cuando Jesucristo regrese. En el día del Hijo de Dios veremos el plan y la guia de Dios bajo una luz superior y comprobaremos que las pruebas y las admisiones, todo aquello que debimos experimentar, ha servido para beneficiarnos. ¡Al ver las relaciones del obrar divino, nos admiraremos: ¡todo tenía un sentido más profundo!
   Podría ser tristemente cierto, que hoy apenas podamos reconocer en parte. Pero aún no podemos comprender perfectamente las cosas celestiales porque nuestro pensamiento humano es limitado. Asimismo podemos pedirle al Padre Celestial: "Danos más conocimiento". Sin embargo aceptamos lo que nos manifiesta en su amor; con ello también es posible ser feliz y bienaventurado. Sepamos superar el conocimiento "parcial" hasta llegar a la perfección. Hagamoslo con fe y confianza. Así podremos esperar hasta el día del Señor, por él sentimos alegría, para él nos preparamos y en él no haremos más preguntas.

domingo, 8 de mayo de 2011

Tener parte en la victoria

Preparación para la celebración de la santa cena-
                  (Éxodo 32).


       Recibir la Santa Cena significa tener parte en la victoria de Jesucristo: primero nos serán perdonados otra vez los pecados, gracias a su sacrificio.
    ¡¿Todas las veces, antes del Servicio Divino ponemos en claro para nosotros, qué tipo de gracia es esta?!
       En la antigüedad, el pueblo de Israel fabricó un becerro de oro, un ídolo acerca del cual dijo: "Estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto" (Éxodo 32:4).
       Este fue un pecado tan grave que el Señor quería exterminar a este pueblo (versículo 9).
       Moisés tuvo que utilizar todo su peso o influencia y tuvo que discutir con el Señor: " Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito" (versículo 32). ¡Tan profundo, tan amplio era el alcance de este único pecado!
     Cuántas veces habremos pecado durante los últimos días. Llevaría trabajo determinar un número. Pero cada pecado separa de Dios. Cada pecado debe ser perdonado individualmente. Y para cada pecado, el Hijo de Dios ha hecho el sacrificio. Que siempre tengamos en claro qué poder está detrás de esto, que experimentemos el perdón de los pecados y saquemos provecho de las ganancias de Jesús.
     Según esto disfrutamos del cuerpo y de la sangre de Jesús, en los cuales hay infinitamente mucho. En la Santa Cena se encuentra un cúmulo de dones de arriba. Pero debemos aceptarlos y aprovecharlos para la propia alma.
     (De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

EL FUEGO DEL EVANGELIO


   Jesucristo ha encendido el  "fuego del evangelio"  y encargó a sus Apóstoles
 que lleven este fuego a todo el mundo.  Esta es la razón por la cual hoy todavía arde el "fuego del evangelio" en todo el mundo.

Donde experimentamos este fuego, sentiremos que da calor al corazón.  Nos da la luz que resplandece en nuestro entorno.
   Está en la voluntad de nuestro Padre celestial que el "fuego del evangelio" no sólo se expanda en la tierra, sino También el los ámbitos del más allá. A través del hecho de que este fuego arde en nosotros, ya podemos ser una ayuda. Porque si tocamos a las almas del más allá con el corazón cálido y por ende ardemos en el sentido espiritual, las chispas de este fuego saltarán y muchas almas de esos ámbitos serán compredidas por el "fuego del evangelio". entonces aceptarán la invitación de acercarse al altar y recibir los sacramentos.
    "Este fuego del evangelio" que arde en nosotros tiene diferentes maneras de presentarse. Tomemos por ejemplo el caso del centurión de Capernaum, en la época de Jesús. En él ardía el "fuego de la fe". Le habló a Jesús, le contó acerca de su criado enfermo y dijo: "Señor no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará". Verifiquemos si en nosotros arde un "fuego de la fe" semejante.
    "El fuego del amor" ardía en el Señor Jesús. Era su deseo más profundo ayudar a todos los hombres, porque los amaba. Si el fuego divino arde  en nuestro corazón, saltará al más allá, iluminará a muchas almas el camino al altar y lo dejará libre para ellas.
    Y llegamos al tercer punto, que está relacionado con el segundo: el "fuego de la misericordia". Se expresa en el suceso del buen samaritano. Un hombre cayó en manos de unos asaltantes. Estaba herido y desvalido y parecía que nadie le ayudaría a salir del mal trance. LLegó al lugar un sacerdote que vio al hombre mal herido, pero nada hizo, sino que siguió de largo. Luego pasó un levita que se comportó del mismo modo. Pero al final pasó un samaritano, y en la Biblia dice: "... y viéndole", a aquel hombre desvalido y herido, "fue movido a misericordia". Estaba embargado de misericordia, Ofreció su ayuda a aquel hombre e hizo todo lo necesario para que el maltratado sanara nuevamente. Cuando este "fuego de la misericordia" arde en nosotros, oramos por aquellos que están desvalidos en el más allá.
   Un punto más: el "fuego de la esperanza". Esperamos el día del Señor. Este fuego no debería apagarse en nosotros. Si arde, entonces se esparcerá, alcanzará a otros y tendrá un efecto maravilloso: muchos tendrán esperanza por la venida del Señor y le esperarán.
     Permítanme mencionar un último punto: el "fuego de la alegría y del entusiasmo".
Ser un hijo de Dios es grandioso, es lo más grande que hoy podemos alcanzar. Es como
un fuego  la alegría. Si experimentamos que el Señor está cerca de nosotros, si nos podemos reunir en los Servicios Divinos para oír la palabra divina: ¡esto es alegría! Estamos juntos ante el altar donde no oímos palabra de hombre, sino la voz de nuestro Padre celestial.
     Esto nos alegra. Este fuego debe arder en nosotros, porque entonces seremos un modelo para el mundo del más allá y así este fuego podrá arder en esas almas.

Así que debemos verificar una y otra vez
para establecer si el "fuego del evangelio"
arde en nosotros.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El pacto de Dios y su ley


   Ya  en el Antiguo Testamento, Jehová prometió, a través del profeta Jeremías que celebraría un pacto, y lo describió en mayor detalle: "daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón".
Y luego prometió: "...y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo". Con ello se refiere al pacto del Espíritu Santo: el día de nuestro sellamiento fuimos aceptados por Dios e incluidos en su pacto. De este modo pasamos a ser su pueblo, y Él nos dió la promesa: "Yo seré a ellos por Dios". Aquí dice que su ley está inscrita en nuestra mente. El pueblo de Israel en el Antiguo Testamento tenía una ley, los diez mandamientos, y otras indicaciones dadas por el Señor. Habían sido esculpidos en piedra. El nuevo pacto que el Señor celebró con nosotros es diferente. El nos dio su ley en nuestro corazón y la inscribió en nuestra mente.
        Describiré esta ley divina: el primer punto importante es la ley del amor. Dios nos ama y espera que también nosotros lo amemos. Nos ha inscrito esta ley en el corazón. Si realmente amamos al Señor no debemos defraudarlo. Tengamos comunión con Él y estemos cerca suyo. Entonces también haremos nuestras ofrendas. No las haremos como si fueran una obligación, sino como un deseo apremiante de nuestro corazón: esta es la ley del amor. Y esta ley del amor también significa que nos amemos unos a otros.
Apoyémonos mutuamente hagamos las cosas fáciles; oremos los unos por los otros y compartamos sentimientos con los que están tristes.
       La ley divina tiene otros aspectos. Es la ley de la fe. En este sentido, una vez el Señor dijo: " Si realmente tuviereis fe, podréis mover montes". La fe es una fuerza real. Nada puede atarnos si realmente somos fuertes en la fe. En la biblia leemos que mucha gente se dirigía al Señor Jesús porque tenía problemas de salud o de otro tipo, y en muchos casos recibió ayuda. Muchas veces el Señor Jesús les dijo:
"¡Tu fe te ha salvado!".
      Esta ley tiene otro aspecto y es la gracia divina. En la Sagrada Escritura dice:
 "Dios da gracia a los humildes".
Si nos acercamos a Él en humildad y en el reconocimiento de que sin Él no podemos hacer nada, podremos recibir gracia.
      También esta la ley del perdón; el Señor Jesús dijo a sus Apóstoles: "A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos". Si nos atenemos a los Apóstoles, experimentaremos el perdón de los pecados.
      Finalmente cabe mencionar la ley de la esperanza. sabemos que el Señor Jesús  regresará para llevarnos con Él. esta ley nos ha sido colocada en el corazón; esperamos cada día que se cumpla esta promesa. Todas estas leyes han sido inscritas en nuestros corazones. No las olvidemos, porque este es el pacto que Dios ha hecho con nosotros. Él es nuestro Dios y nosotros somos su pueblo.
Amados hermanos y hermanas:

Con motivo de mi cumpleaños, también este año he recibido innumerables tarjetas.
Por todas estas muestras de afecto y amor me he sentido muy contento.
Recibí con gusto todos los deseos de felicidad y bendición. Por esta vía os quiero
agradecer de corazón por ello.
Mi deseo para todo el pueblo de Dios es que pueda experimentar cada día la cercanía
y el apoyo del Todopoderoso. gustoso seguiré vinculándome con todos vosotros
día a día e intercediendo por todos.

martes, 9 de noviembre de 2010

¡Despojémonos de aquellas cosas que nos pesan!

  Mis amados hermanos y hermanas, amados invitados aquí en Ciudad del Cabo y en todo el mundo: Os deseo una fiesta de Pentecostés bendecida, un día maravilloso, pleno de fuerza divina, de alegría, de paz, y de todo lo que necesitamos en nuestro camino en la fe. Estamos aquí con 341 Apóstoles de todo el mundo. Esto significa mucha fuerza espiritual. Y para todos los que la acepten con fe, será una señal del poder divino. Todo aquel que pueda comprender la importancia del ministerio de Apóstol, se alegrará.
     Como ya es usual en Pentecostés, comenzaré con una palabra de salutación. Rogué a nuestro Padre celestial que me mostrara lo que necesitamos: una palabra para todo el pueblo de Dios para llegar a la terminación. Finalmente di con la palabra de Hebreos, capítulo 12, parte del versículo 1: "...despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante...". Este es un buen consejero para hoy. Hay tantas cosas que nos asedian. No tienen que ser necesariamente cosas malas. Pero hay sufrimiento y aflicción, dolor enojo, decepción y también frustación. Estas cosas nos quitan la alegría y la paz.
       Despojémonos de estas cosas, porque de lo contrario no podremos tener alegría
ni paz verdaderas. Sé que esto no siempre es sencillo. Pensamientos como estos nos ocupan y no nos podemos despojar de ellos tan facilmente. Pero es posible despojarnos de ellos con la oración y el poder de Dios, y del Espíritu Santo. Despojémonos de aquellas cosas que nos pesan.
      En la Sagrada Escritura encontramos un sin número de ejemplos. Pienso en José: sus hermanos le jugaron una mala pasada. Finalmente terminó en la cárcel. Seguramente pensó: "Ellos tienen la culpa de que ahora esté en la cárcel". Pero debe haberse librado de este pensamiento. Despojémonos de estas cosas que nos intranquilizan, porque de lo contrario no podremos experimentar a nuestro Padre Celestial, ni a su amor, o su proximidad.
       Despojarnos de algo no significa que haya desaparecido totalmente. Pero ya no pesa en nuestra alma. esto es decisivo. Al despojarnos de algo, también lo vemos desde otro
ángulo. Entonces queda fuera de nuestros sentimientos, es más bien neutro y lo vemos bajo otra luz. Es interesante que este sea el primer consejo en esta palabra: "...despojémonos de todo peso (...) que nos asedia". La palabra bíblica comienza refiriéndose al "peso" que nos roba la alegría y la paz. El siguiente punto se refiere a que no es sencillo despojarnos de él:"...y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante". En la versión alemana se ha utilizado la palabra "Kampf" (lucha, pelea), en español en cambio, la palabra utilizada es "carrera", Es indudable que debemos luchar. Justamente cuando queremos despojarnos de todo lo que nos pesa, debemos luchar. Esto no nos llueve de arriba. Para lograrlo, nuestra tarea debe ser luchar. Aquí dice que Dios determina nuestra lucha. El Señor no cambia esto. estoy seguro de que tendremos que luchar hasta el día del Señor. Por favor, que nuestros corazones incorporen lo oído y actuen en consecuencia.
     También quiero dirigir una palabra de salutación a los niños, tanto a los de aquí como a los de todo lugar. Retrotaigámonos en pensamientos hasta la primera fiesta de Pentecostés. Leemos (en la Biblia) que todos los Apóstoles estaban reunidos y que junto a ellos había muchos otros. ¿Qué hacían allí? Cuando estaban juntos siempre eran unánimes en la oración. Imperaba, manifiestamente, la paz entre ellos. No había peleas ni desavenencias. Esperaban a que se cumpliera la promesa del Hijo de Dios, la cual se cumplió repentinamente (comparar con Hch. 2:1-13).
     Ahora, por un momento, transferiré lo mencionado a nuestro tiempo. También nosotros esperamos que se cumpla la promesa divina. esperemos con paciencia y permanezcamos en comunión en la casa de Dios. Oremos y conservemos la paz. Entonces os puedo prometer que experimentaremos a Dios una y otra vez. Este es un mensaje especial para todos los niños del mundo.

   En el relato del libro de Hechos, nuestro texto bíblico se refiere a las últimas palabras que Jesús pronunció antes de su Ascensión. Allí dice: "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu santo...y me seréis testigos". Es interesante que aquí se hable de poder.
                         Esperemos que se cumpla la promesa
      Hoy quiero destacar algo especialmente: el poder del Espíritu Santo. De la palabra se desprende que con este poder estamos en condiciones de ser testigos. El Espíritu Santo no es simplemente algo que viene a nosotros carente de particularidades, sino que su principal efecto es el poder. Deseo para mí, que este poder se haga todavía más manifiesto. Donde obra el Espíritu santo, debe haber poder.
    Hemos sido sellados con el Espíritu de Dios. Por eso, tanto poder debe manifestarse aún más. Claro está que en esta época necesitamos poder fuerza: necesitamos la fuerza necesaria para conservar la fe.
Sin fuerza nada funciona. Necesitamos fuerza para estar alegres y mirar con esperanza
hacia el futuro. Sin fuerza, esto se desmoronaría rápidamente. Y necesitamos fuerza, para no hundirnos en lo asuntos de la vida cotidiana.
     En realidad sólo conozco una receta para que esta fuerza, este poder que emana del Espíritu Santo salga a relucir todavía con más intensidad: la receta es la oración,
Cuando estamos conectados con nuestro Padre celestial mediante la oración, se activan los poderes celestiales, tenemos una fuerza que a nosotros mismos nos sorprende por momentos. Oremos a diario por esta fuerza. También me lo he propuesto. Exhorto a los Apóstoles para que también oren, para que en todas las situaciones de cada día estemos llenos del poder del Espíritu Santo. Sé que en el mundo entero hay muchos hijos de Dios fieles. Oremos todos juntos para que el poder del espíritu Santo obre cada día, para que no digamos simplemente que hemos recibido el Espíritu Santo, sino que tenemos el poder que proviene del Espíritu Santo, la que nos conduce y dirige.
      Esto es muy importante en nuestra época, y también está en relación con nuestra palabra de salutación. Si debemos despojarnos de lo que nos pesa, necesitamos fuerza. El poder del espíritu santo debe tener ese efecto y lo consigue.
     Más adelante en este mismo pasaje dice. "...y mesereis testigos". Donde puede obrar
el poder del Espíritu Santo, también podemos ser testigos del obrar del Dios Trino. La palabra "testigo" tiene un significado especial. Sólo podemos ser verdaderos testigos si experimentamos y vivimos por nosotros mismos cómo obra el Señor, y como se configura nuestra vida a través de ello. Es mi deseo que todos seamos testigos del Señor. reunamos experiencias en la fe que ya nadie nos pueda quitar. Pero para ello es necesario el poder del Espíritu Santo. Entonces podríamos decir realmente: " Yo mismo lo experimenté". Así podremos remitirmos a lo que hemos experimentado con el Señor y en ese caso nuestro testimonio también será creible. De nuevo me dirijo a todos los Apóstoles: "Seamos testigos hasta lo último de la tierra".
    Y esto ahora no lo veo necesariamente en términos de espacio, de que viajemos a todos los países, sino que nos involucremos en todas las circunstancias con el poder del Espíritu Santo. Esto es posible a partir del poder del Espíritu santo. Pero en tal caso, el poder de Dios debe obrar realmente en nosotros.
     Vuelvo al pensamiento de que debemos orar para que este poder tenga un efecto todavía mayor. Entonces, dicho poder también nos conducirá hacia lo alto. Así vemos una cadena maravillosa: en primer término tenemos la oración. A consecuencia de ella viene el poder. Entonces tenemos experiencias de fe y lo testificamos hacia afuera. Decimos entonces: "Nadie nos lo puede quitar". permanecemos firmes en la fe y en la confianza en el Señor. De este modo nos acercamos al día del Señor. Nosotros los
Apóstoles, con todo gusto queremos anteceder. Ahora quiero constituirme en vocero de 350 Apóstoles.
También quiero incluir a aquellos que no pudieron venir: Seamos testigos, impregnados de este poder divino y con el deseo de poner de manifiesto en todo lugar: "Sí, el Señor está en nosotros". Amén.
     Ciertamente es difícil elegir entre los 340 Apóstoles presentes para colaborar en el servir. Voy a escoger entre las filas de los Apóstoles de Distrito, Ayudantes Apóstol de Distrito, Kolb. Le ruego un agregado.
                        Apóstol de Distrito Leonard R. Kolb
         Mis amados hermanos y hermanas, hoy hemos recibido un grandioso mensaje: con el poder del Espíritu Santo estamos en condiciones de ser testigos. ¿Qué activa este poder en nosotros? Sentí que en el servir del Apóstol Mayor resonaba la palabra "intensidad". En los días pasados en Ciudad del Cabo ha podido experimentar la intensidad en la vida de fe y en la oración. Incluso al pisar la Iglesia pudimos verlo en los ojos y en los corazones de los niños: una expresión de enorme alegría y gran entusiasmo. Esto muestra que la fe realmente es importante para nosotros.
    Cada testigo tiene una historia. ¿Cual es mi historia? Esta es la lucha que el Señor ha dispuesto para nuestra vida, y cómo nos ha ayudado en ello nuestro Padre Celestial. Pienso en un antiguo cántico, que dice al respecto: "Canto alabanzas a mi Jesús, quien como Tú tan grande es..." (HNA 437). Si esto está inscrito en nosotros, dicha intensidad se incrementará en nuestro interior. Ya José sintió cierta intensidad, en especial la de perdonar y de reconciliarse. Contemos nuestra historia a todas las personas de nuestro entorno. También debemos contar esta historia a nuestro Padre Celestial. De esta manera expresaremos nuestra alabanza y nuestra adoración, incluso cuando le podemos decir a Jesucristo nuestro Novio: "No hay nada más grande que Tú. Has hecho todo por nosotros y nosotros vivimos para ti".
                     Apóstol Mayor:
        Fue un bello pensamiento: cada testigo tiene una historia. Muy hermoso. reflexionemos al respecto. Ahora vayamos a África. Allí hay una área de Apóstol de Distrito creada hace no demasiado tiempo. Se trata de África del Este. Allí activa el Apóstol de Distrito Lubasi. También a él, le ruego un agregado.
                  Apóstol de Distrito Shadreck Lubasi:
      Mis amados hermanos y hermanas, aquí no se trata de un poder externo o físico, sino de un poder que proviene de la palabra del Padre Celestial.
            Jesús convocó a sus Apóstoles y les dijo:" Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mt. 28:18). El poder que hemos recibido también hay que aplicarlo. Pero en su época, los Apóstoles todavía no tenían este poder. Jesús les enseñó, ellos lo aceptaron y le siguieron.
       Entonces les dijo: "Pero recibireís poder, cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos". Y: "...por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones...; Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo"
 (Mt 28:19-20). Lo mismo se aplica también hoy a nosotros. Aceptemos la palabra del Padre Celestial. Hoy en este día de Pentecostés, el Espíritu será renovado, en nosotros. Aceptemos la palabra y manifestémosla a otros, a todos los pueblos, a todas las personas, independientemente de la situación de vida en la cual se encuentren, enseñemosles a cumplir todo lo que Jesús ha encomendado. Él ha prometido que si lo hacían, estaría con ellos todos los días hasta el fin del mundo, seremos testigos, porque lo podremos experimentar.
  Quiero desearos la rica bendición de Dios, para que a través del Espíritu Santo támbien recibamos  este poder que nos impulsa, para que recibamos una fe fuerte, podamos aceptar a nuestro Padre Celestial y avancemos. Sin ese poder no podemos ganar la carrera. Si no tenemos nuestra propia fuerza espiritual, no podremos vencer.
                 Apóstol Mayor:    ¡Aceptemos la palabra del Padre Celestial!
     El Apóstol de Distrito explicó que no sólo se trata de que el poder esté presente. El poder que nos es dado tiene que ser útil. Esto ocurre a través de la oración. Podemos pedir con más intensidad, todavía más en la oración, los poderes del mundo del más allá. Ahora iremos al continente asiático. En Asia encontramos un subcontinente que ocupa una gran superficie: India, donde hace poco tiempo ha sido ordenado el Ayudante Apóstol de Distrito Devaraj. Ahora le pido a él que nos sirva..
                             Ayudante Apóstol de Distrito David Devaraj:
      Mis amados hermanos y hermanas, amados amigos e invitados, desde los albores mismos de la historia de la humanidad, desde Adán y Eva, el Padre celestial visitó a la humanidad una y otra vez para transmitirles y demostrarles su poder. Pensemos en personas como Sansón. Dice la Biblia que el Espíritu del Señor vino sobre él y que gracias a ello estuvo en condiciones de hacer cosas increíbles (comparar con Jue.14:19).
Hoy tenemos poder en abundancia a través del don del Espíritu Santo. Hace poco, el Apóstol Mayor nos sirvió con la palabra: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu..." (comparar con He.4:12). Exactamente eso ocurrió esta mañana. A pesar de las preocupaciones y de las penas, la palabra nos ha conmovido. Se nos recordó que debemos despojarnos de las cosas que nos aquejan.
    Pienso en un globo aerostático. Si la canasta tiene demasiados contrapesos, el globo no puede ascender. El Espíritu Santo nos quiere llevar a lo alto, pero los contrapesos de la vida nos empujan hacia abajo. Despojémonos de todo lo que nos pesa y nos mantiene
abajo. Pensemos siempre en lo increíbe que es realmente este poder. Tuvo el poder de levantar las puertas de Gaza o de quitar la piedra que estaba delante de la tumba. También tiene el poder de perdonar nuestras debilidades, para que podamos estar presentes en el día del Señor. Hagamos nuestra parte y despojémonos de aquello que nos aqueja. Lo podemos hacer, siendo testigos hasta el fin del mundo y no sólo en palabras, sino también en hechos. Sobre ello posa la gracia y entonces seremos llevados a casa.
                         Apóstol Mayor:
       Pues sí, podéis ver que también los hombres de Dios están llenos de mucha fuerza. Hace bien oír que en diferentes regiones del mundo todos se mueven en un mismo espíritu. Un Apóstol de Europa, que ya hace tiempo activa, es el Apóstol Kainz de Austria. Le ruego un breve agregado.
                        Apóstol Rudolf Kainz:
     Mis amados hermanos y hermanas, quienes en tiempos de la primera fiesta de Pentecostés preguntaron: "¿Vosotros, hombres amados hermanos, que hemos de hacer?", han recibido una respuesta  divina. Y quienes han puesto en práctica esta respuesta en sus vidas, después pudieron llevar una vida como antes no se hubieran podido imaginar. Hoy también han venido algunos al Servicio Divino con preguntas especiales. Hoy hemos recibido una respuesta divina a través del Apóstol Mayor y de los Apóstoles de  Distrito, por ejemplo una respuesta a la pregunta: "¿Como seguirán las cosas en mi vida? Me esfuerzo por hacerlo todo, pero no todo me funciona". Entonces el Apóstol Mayor dijo:"...corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante". Y si hubiera algo determinado para nosotros, no lo podemos elegir. Entonces, en situaciones como esta no nos solemos sentir bien.
     Al repecto hay muchos hermosos ejemplos en la Santa Escritura: Jesús había enviado a sus discípulos delante de Él. Navegaban por el lago, cuando de pronto se levantó el viento, y debieron remar contra la corriente (comparar con Mr.6:45-48). Los discípulos hicieron lo que Jesús les dijo, pero no pudieron elegir esta situación. Se esforzaron por avanzar, pero no pudieron porque así había sido determinado. En esta situación, los discípulos no sabían algo: Jesús nunca los perdió de vista. Oró, su corazón estaba con ellos. después de un cierto tiempo vino. Su ayuda fue como a sus discípulos no se les habría ocurrido. Incluso se sintieron sorprendidos. Entonces el viento se aplacó.
No podemos elegir nuestra vida. A veces ya no podemos seguir adelante y sobreviene la pregunta: "¿Acaso lo podré lograr?". No olvidemos una cosa: Jesús nunca nos pierde de vista y su corazón está con nosotros. Él viene para ayudarnos, muchas veces de una manera que no podemos imaginar. Entonces, quizás hasta estemos asustados por su ayuda. Otra cosa más es importante: Jesús nunca llega tarde a nuestras preocupaciones y a nuestros problemas, pero tampoco en lo que se refiere a su retorno. De manera, entonces, que también seamos testigos y amémonos mutuamente. Porque sin amor no podemos vivir. Y un punto especial del amor es el perdón.
                                           Apóstol Mayor:
     Ahora que hemos oído la palabra de Dios, guardémosla y preparémonos para la Santa cena.
     Vuelvo ahora a la palabra de salutación, que dice que dejemos de lado por una vez lo que nos pesa. y el segundo punto es que nos despojemos del pecado. Del pecado dice, que nos "asedia". No podemos evitar caer en el pecado. Pero no debe ocurrir que seamos acaparados por él, que nos dejemos arrastrar a un comportamiento pecaminoso cada vez más profundo. Luchemos para que este no sea el caso. Entonces la gracia de Dios podrá ser tanto más poderosa.

Día/ Fecha: Domingo. 23 de mayo de 2010
Lugar/ país: Tafelsig/ Sudáfrica
Área  de Apóstol de Distrito: Noel E. Barnes
Texto bíblico: Hechos 1,parte de versículo 8: "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos".
Himno: Un Don divino, don de vida..."(HI 82)
Acompañantes: Apóstoles de Distrito. Ayudantes Apóstol de Distrito y Apóstoles de todo el mundo.
Colaboraron en el servir: Apóstoles de Distrito Kolb y Lubasi, Ayudante Apóstol de Distrito Devaraj y Apóstol Kainz.
Transmisión: internacional vía satélite.
Traducción: en el altar, consecutiva alemán- ingles: Ingles-alemán.
Participantes: aprox. 1,2 millones en el mundo entero

domingo, 12 de septiembre de 2010

¡El fundamento de DIOS está firme!



En tiempos de los primeros Apóstoles, Jesús advirtió acerca de quienes dicen:
"¡Aquí está el Cristo!" o: ¡"Allí está!"; a tales personas no hay que darles crédito.¿Pero dónde encontramos al Señor? ¿Cúales son las caracteristicas y señales para reconocer que Dios está obrando? Una de las señales es que Él se conoce a los suyos y reconoce a aquellos que están pasados sobre el fundamento de Dios. Este fundamento de Dios está firme; así escribe el Apóstol Pablo a Timoteo. En la Sagrada Escritura hay algunas referencias a que no existe ningún otro fundamento más que el único que ya ha sido edificado: Jesucristo. En otro pasaje, el Apóstol Pablo habla del fundamento de los Apóstoles y de los profetas. Sobre este fundamento ha sido edificada la comunidad:en Cristo. los Apóstoles y los profetas. Sea cual fuere la situación imperante y lo que genere problemas: el fundamento de Dios está allí, inalterable y permanecerá así, hasta que el Señor encuentre bien terminar su Obra. El Señor tampoco abandona a su comunidad, edificada sobre el firme fundamento de Dios-Jesucristo, los Apóstoles y profetas-
 está firmemente edificada y así permanecerá tambien en el futuro.
Así es la causa de Dios: Él se confiesa a aquellos que se hallan sobre este fundamento y permite que ellos lo experimenten una y otra vez. Pero aquí está la parte nuestra.
 Un poco más adelante, el Apóstol Pablo le escribe a Timoteo que quien  invoca el nombre del Señor, se aparta de la iniquidad. En otras palabras: el Señor espera de quienes están parados sobre el fundamento arriba descrito, que también traten de cumplir Su voluntad y abandonen todo lo que no responde a ella.
Tener la intención de vivir de acuerdo a su voluntad significa evitar, mantenerse alejado de lo que proviene de otra fuente espiritual. En este contexto mencionaremos, por ejemplo la falta de confianza en el Señor. Eso es iniquidad a los hojos de Dios: Él se ha inclinado hacia nosotros se da a reconocer, se confiesa : Entonces,cuando nos falta confianza, esto no responde a su voluntad. Abandonaremos esto y depositaremos nuestra confianza en el Señor. Lo segundo que no puede responder a la voluntad de Dios es nuestro amor. Cuando actuamos con falta de amor, es iniquidad a los hojos de Dios.
Dejemos de hacerlo y, en lugar de ello, actuemos a partir del amor. Esto llevará al agrado de Dios. Y en tercer lugar, permítanme referirme al egoismo excesivo. El que es egoísta cree que no es necesario comprometerse por el Señor, pues todo funciona, aparentemente, en forma automática. Esto no puede ser acorde a la voluntad divina. Abandonad la iniquidad y servid al Señor.
Visto en forma positiva expresado sacamos tres consejos. Si los seguimos, podremos experimentar al Señor: confiar incondicionalmente en Él y en su guía, tener un corazón lleno de amor ante el prójimo y servir al Señor con alegría.
Quien abandone la iniquidad y busque hacer la voluntad de Él, podrá experimentar que el Señor se confiesa a ello. Es necesario crear las condiciones para ello y acercarse a las cosas con una correspondiente fe. Estamos parados en este fundamento de Dios y sobre Él iniciaremos el camino a casa, y heredaremos luego la gloria eterna.

jueves, 1 de julio de 2010

La casa sobre la roca



En el Sermón del Monte, el Señor Jesús hizo referencia
 a dos tipos de personas. Un grupo acepta la palabra
y actúa de manera acorde.El otro también la oye,
pero no actua conforme a ella.

     Y el Señor estableció una comparación gráfica con respecto a dos hombres,
 que habían construido cada uno una casa. Pero existía una diferencia entre ellos:
 El hombre sabio erigió su casa sobre una roca.
Aquellos que oyen la palabra y actúan como corresponde son como este hombre.
El otro (el necio) construyó su casa sobre la arena.
 Aquellos que oyen la palabra, pero no le prestan atención sino que viven como les place, son como ese hombre.
     Esta casa representa nuestra vida. Nosotros llevamos nuestra vida,
 conforme a valores o principios predeterminados, y cada uno lo hace a su manera.
Todos nosotros construimos nuestra "propia casa".
Algunos la edifican sobre una roca, lo que significa:
Que viven, conforme a los principios y estándares Divinos.
Otros de acuerdo a esta parábola, construyen sobre arena, es decir no edifican sobre un
fundamento divino. Esto da lugar a las siguientes preguntas.
¿Cuales son los valores fundamentales en nuestra vida?

   ¿Cual es el fundamento sobre el cual construimos? Éstas son preguntas importantes,
porque en la parábola dice que cuando vinieron las lluvias y la inundaciónes,
y el viento sopló, la casa sobre la roca permaneció segura.
 Pero la casa sobre la arena fue destruida.
El hecho de que una casa esté construida sobre una roca o arena
 no es inmediatamente evidente.

    Solo se comenzará a notar la diferencia cuando se desaten tormentas y diluvios,
 y comienze a caer la lluvia. El hecho de que hayamos construido nuestra casa
 sobre arena o una roca se volverá evidente cuando surjan
preocupaciones y pruebas en nuestra vida. Tales circunstancias nos dejarían
 inconsolables si hemos construido sobre arena. Entonces nuestra vida se destruiría y no quedaría nada.
 Pero si hemos construido sobre una roca, podemos estar seguros,
 de que nada podrá destruir nuestra casa. Aquellos cuya casa está
 construida sobre una roca tienen firme la esperanza de que serán dignos
 en el día del regreso del Señor. Una casa como tal resistirá cualquier tormenta.
 Permanecerá de pié por siempre. Estos permanecerán  con Dios por toda la eternidad.

    Seamos obedientes como lo fue Abraham,
y luchemos siempre por aquello que es divino como lo hizo Jacob.
Confiemos en el Señor y mantengamos nuestras ventanas abiertas hacia Jerusalén,
conforme al ejemplo de Daniel.
¡Que nuestro Padre celestial nos dé la fortaleza,
 para estructurar nuestra vida conforme a estos principios divinos! 

jueves, 24 de junio de 2010

¡El Señor vive!


    A una avanzada edad, Martín Lutero debió experimentar más de una desilusión. Muchas veces se sentía algo sobreexigido. Se sentía triste porque los hechos evolucionaban de manera diferente a lo que él se había imaginado. Su esposa Catarina, que había observado la situación, intentó  ayudarlo y recordó que años atrás, su esposo Martín había escrito con tiza en la mesa la palabra latina  "¡Vivit!"
(cuya traducción significa: (¡Él vive!).  En aquel entonces, Lutero fundamentó haberlo hecho del siguiente modo." Jesús vive, y si no viviese, yo no querría vivir ni siquiera una hora. Únicamente
porque vive, viviremos por Él, como Él mismo dijo: Porque yo vivo, vosotros también vivireis".
Entonces a Catarina se le ocurrió una idea especial: encargo a un picapedrero que esculpiera a cincel una única palabra en latín en el dintel de la puerta de su casa: "Vivit". A cada persona que entraba en la casa pasando por la puerta, dicha inscripción le recordaba: ¡el Señor vive! esto mismo quiero escribir sobre las puertas de vuestros corazones: "¡Él vive!".Jesucristo vive.
     Cuando estamos sobreexigidos y cuando algunas cosas se desarrollan de manera diferente a lo esperado en la vida: Él vive, Él conoce
todas las cosas y no nos deja solos. Qué consuelo subyace en esta simple palabra: "Él vive!". Es la presencia de Dios, es la fuerza sesde las alturas, la que también obra hoy. Que la fuerza de Dios llene
nuestros corazones. Con ella también podemos ser una bendición y una ayuda para otros.
    Una mirada de la época en que vivimos nos muestra las influencias que nos rodean y con las cuales tenemos que lidiar día a día. No se detienen ante la puerta de nuestro corazón, sino que quieren ingresar
en cada corazón. Por eso es importante no volvernos indiferentes a los sucesos de Pascua.
Un tema debe seguir siendo: el Señor venció a la muerte y al infierno, y cuando regrese, se manifestará
la fuera vencedora del Hijo de Dios. Dichosos nosotros si tenemos parte de esta fuerza para vencer.
Todos los sucesos de Pascua se resumen y son llevados a un punto que se plasma en una palabra
del Ápostol Pablo dirigida a los Corintios:  Y Dios que levantó al Señor, también a nosotros nos levantara con su poder".
esta es la transcripción precisa  de nuestro futuro. Seremos transfigurados cuando el Señor regrese; nuestro cuerpo será igual al cuerpo glorificado del Señor y podremos tener comunión eterna con el Dios
trino. Esto ha sido resumido aquí en una frase, la buena nueva de Pascua: Dios levantó al Señor. Y dios también nos resucitara por su fuerza. Tendremos parte en la victoria del hijo de Dios sobre la muerte.