¡"Si amas al buen Jesús!"
de corazón con ternura,
vivirás siempre en la "luz"
y no verás sombra oscura.

jueves, 17 de febrero de 2011

Los nombres de Jesús: El "Señor"

      En anteriores artículos ya fueron tratados algunos nombres importantes de Jesús, como
 Emmanuel, Hijo del  hombre, hijo de Dios o Cristo.  Una de las otras formas importantes de llamar a Jesucristo es "Señor". En el Antiguo Testamento Dios es llamado el "Señor", mientras que en el Nuevo Testamento Jesucristo es el Señor de los vivos y de los muertos, Señor sobre la Creación, Señor de todos los Señores.
Jesucristo es el Señor que regresará.
         La fe en el Señor Jesucristo     La expresión Kyrios Iesous (el Señor [es] Jesús) es uno de los reconocimientos más antiguos de la comunidad cristiana del principio. En Romanos 10:9 podemos leer: "que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo". Reconocemos lo mismo en el segundo artículo de la confesión de fe nuevoapostólica: "Yo creo en jesucristo, el unigénito Hijo de Dios, nuestro Señor..."
(comparar con Preguntas y Respuestas Nº 231).
   ¿Por qué el Apóstol Pablo y también en la confesión de fe se pone tanto énfasis en que Jesucristo es el Señor? Para entender esto es necesario realizar un seguimiento del uso de la palabra "Señor" en el Antiguo Testamento.

           "Señor" como forma de llamar a Dios
            en  el Antiguo Testamento
         En la septuaginta, la traducción más antigua del Antiguo Testamento al griego, aparece varias veces la denominación "Señor" (griego: Kyrios). "Señor" a veces se refiere a los hombres, pero por lo general se usa cuando se habla del Dios de Israel. Pero si por el contrario, observamos el texto bíblico hebreo, llama la atención que la palabra hebrea "Señor" (Adonai) aparezca tan poco en proporción. En la mayor parte de los pasajes, "Señor" (Kyrios) reproduce el nombre propio de Dios "Yahvé" (YHVH, el así llamado tetragrama, comparar con Éxodo 3:13-14).
   En tiempos posteriores, los judíos evitaban expresar el nombre de Dios "Yahvé". En la Septuaginta no se adoptó el nombre propio de Dios, sino que se coloco "Kyrios" en su lugar.
También en las traducciones de la Biblia de Lutero y muchas otras, en lugar del nombre original de Dios, dice "Señor".
   En la traducción de Lutero, en algunos pasajes encontramos la duplicación "Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa". "Señor" dice aquí por Adonai, "Jehová" por Yahvé.
           Dios el Padre como Señor
          En el Nuevo testamento dios el Padre también es llamado "Señor" (Kyrios). En el canto de alabanza de María dice: Engrandece mi alma al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador" (Lucas 1:46-47). Cuando Zacarías había sido colmado del Espíritu Santo, dijo: "bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo" (Lucas 1:68).
   Jesucristo habló de Dios no sólo como del Padre, sino también como del "Señor": "Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra..." (Mateo 11:25; Lucas 10:21). A sus discípulos Jesús dijo: "A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies" (Mateo 9:37-38).
  Más allá de ello, en el Nuevo Testamento encontramos muchas citas del Antiguo Testamento en las cuales el nombre original de Dios "Yahve" es reemplazado por "Señor" (Kyrios). Cuando el Apóstol Pablo cita del Salmo 32: 2, en lugar del nombre de Dios hebreo Yahvé, escribe "Señor": "Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado" (Romanos 4:8). Y el Apóstol procede de manera similar, por ejemplo en I Corintios 3:20: "El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos" (comparar con Salmo 94:11). Aquí, entonces, el Nuevo Testamento sigue las tradiciones lingüísticas de la primera época del judaísmo
           Jesús de Nazaret como Señor
          En el Nuevo Testamento no sólo encontramos el nombre "Señor" para Dios el Padre, sino también para Jesucristo. Durante su vida en la tierra, hablaba de sí mismo como del "Señor": Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo" (Marcos 2: 28; comparar con Mateo 12:8). Para el judío creyente, Dios era el Señor y Creador del sábado o sabat (día de reposo). Con esta palabra se pone de manifiesto que en Jesús, el Dios de Israel, el dador de los mandamientos está presente. Con lo cual se muestra la autoridad divina de Jesús.
     En el Nuevo Testamento, la denominación "Señor" para caracterizar a Jesús tiene diferentes significados. Primero encontramos "Señor" como mera forma de dirigirnos respetuosamente a Él, apuntando a que Jesús es maestro o el que enseña. Pero el uso de la palabra "Señor" es más importante si a través de ello se quiere expresar la esencia divina y el obrar de Jesús.
    En Juan 4:5-25 encontramos un ejemplo de que a Jesús se dirigían respetuosamente como "Señor" o "Rabí" (maestro). En este pasaje se relata el encuentro de Jesús con una samaritana en la fuente de Jacob. La mujer pertenecía a un pueblo que era despreciado por los judíos y considerado impuro. Pero a Jesús no le interesaban los prejuicios de sus contemporáneos. En este punto superó los límites del judaísmo y se refirió a la importancia universal de la sanación de su persona: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: dame de beber; tú le pedirías, y el te daría agua viva". Primero, la mujer no entendió de lo que hablaba Jesús y dijo: "Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿de dónde, pues tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo?" (versículos 10-12). En el transcurso de la conversación, la mujer reconoció que Jesús era algo muy especial: "Señor, me parece que tú eres profeta" (versículo 19). Pero el tema no terminó con ese reconocimiento: al final, la mujer reconoció a Jesús como el Cristo y difundió esta fe entre los samaritanos (versículo25-29.).
      Más allá de esta honrosa denominación "Señor" para Jesús, se anticipan pasajes como los siguientes, en los cuales se pone de manifiesto que Jesús es "Señor" en el sentido divino. Cuando en la historia del nacimiento se habla del "Señor", con ello se hace referencia tanto al Padre como al Hijo. "Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor a [los pastores], y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: no temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el  Señor" confluyen para formar una unidad.
       La poderosa autoridad del "Señor" se expresa de manera magnífica en el informe de la pesca de Pedro (comparar con Lucas 5:4-11). Jesús ordenó a Pedro que volviera a salir al lago para pescar. "Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red". Aquí Pedro se dirige a Jesús como "Maestro" de manera similar a los samaritanos. Después de la pesca exitosa, cambiaron las forma de dirigirse a Jesús y la postura de los participantes hacia éste: "Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él." A partir de ese momento, Pedro no sólo veía al "Maestro" en Jesús, sino al "Señor" que daba órdenes sobre su Creación. La conciencia de ser pecador y el susto son expresión de haber experimentado la proximidad inmediata de Dios.
       El informe sobre la sanación del nacido ciego (comparar con Juan 9) muestra de manera impresionante cómo los hombres llegan paso a paso al reconocimiento de que Jesús es el Señor a quien se debe adorar. Después de que Jesús le diera la vista, otras personas comenzarón a preguntarle una y otra vez la razón de haber sanado. De sus respuestas podemos deducir cómo en el hombre  sanado se va desarrollando gradualmente la fe, que encontró en Jesús. Primero, el hombre contestó la pregunta sobre quien lo sanó:  "Aquél hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos" (Juan 9:11). En otra oportunidad de nuevo le preguntaron por el autor de su curación y.. el hombre contestó: "Que es profeta" (versículo 17).
    Al final, el sanado fue expulsado de la comunidad judía porque reconoció a Jesús. la historia termina con que el hombre de nuevo está con Jesús y este último le preguntó: "¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quien es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él le dijo: Creo, Señor; y le adoró" (versículos 35-38). De nuevo el reconocimiento de que Jesús es el "Señor" en el sentido divino conduce a la fe y a la adoración.

           Jesús elevado como Señor
         Que Jesús es "el Señor" se transforma para sus seguidores en una certeza irrefutable después de su resurrección. Tomás le habló al Resucitado: "¡Señor mío, y Dios mío!" (Juan 20:28). este clamor de ninguna manera es expresión de sorpresa, sino un reconocimiento de importancia casi imposible de pasar por alto la fe cristiana y para compreder la persona de Jesús. Recién después de que Jesucristo fuera crucificado, sepultado y que resucitó, los suyos reconocen que en él está presente el Dios de Israel, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (comparar con los Hechos 2:36).
      Cuando Jesús es llamado "el Señor", esto también sucede para expresar con ello que no es otro que el mismo Dios el que se ha corporizado en él (comparar I Juan 5: 20).
De manera magnífica, el Apóstol Pablo escribió sobre la condición de príncipe (gobernante de Jesús y que todos los otros gobernantes (inclusive el emperador romano que se ufana de ser una divinidad) quedaban relegados "Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los principes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria" (I Corintios 2:7-8).
     Porque Jesús es el "Señor de la gloria", a la invocación de su nombre le corresponde suma importancia. Esto se pone de manifiesto de forma ejemplar mediante la confesión de Pablo. Saulo era el que tenía el poder de apresar a todos los que invocaban "el nombre del Señor" (comparar con los Hechos 9:14). Pablo contaba que Ananías lo había exhortado: "Ahora, pues ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre" (Los Hechos 22:16).
     Ya encontramos la fórmula "nombre del Señor" en el Antiguo Testamento (comparar con el Salmo 118: 10). Allí se invoca el nombre de Dios (Salmo 143:11), se lo alaba (Salmo  9:1) y se lo glorifica (Salmo 30:5). La comunidad cristiana del principio (I Corintios 5:4) se reunia "en el nombre del Señor Jesús", este nombre debe ser invocado
(Los Hechos 2:21; 4:12).
La santidad, según pone en claro el Apóstol Pablo está en estrecha y directa relación con el "nombre del Señor". "Y esto erais algunos, mas ya habeís sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios" (Corintios 6:11).
     Cuando en el Nuevo Testamento se destaca tanto la importancia del nombre del Señor Jesús, esto en primera instancia ocurre para expresar su carácter divino. Más allá de ello, los primeros cristianos se inclinaron  bajo el nombre de Jesús para poner en claro que sólo le pertenecian a él, y no al emperador o a uno de los dioses paganos. Solo en Jesucristo está la salvación y la vida eterna: es lo que reconocian los primeros cristianos y lo que también nosotros reconocemos. El Apóstol Pablo escribió que el Señor elevado debía ser adorado: "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo,y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos y la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Filipenses 2:9-11).

          Jesucristo como Señor de todos los Señores
         Jesucristo es, y esto queda testimoniado en el Nuevo Testamento, "Señor así de los muertos como de los que viven". "Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven" (Romanos 14:9). Sin embargo, la supremacía de Cristo tiene un alcance que va mucho más allá, porque "a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades" (I Pedro 3:22). Él es el "Señor" de toda la Creación. En el Apocalipsis de Juan, es nombrado "Señor de señores y Rey de reyes" (Apocalipsis 17:14; comparar con 19:16).
       Jesucristo también  "dirige su Iglesia" (es, por ende "Señor de su Iglesia") como se expresa en el artículo 4 de la Confesión de fe. en esta conciencia deben vivir todos los que lo reconocen. "Así que, hermanos míos amados , estad firmes y constantes, creciendo en la Obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano"(I Corintios 15:58; comparar también con 16:10).
      El compromiso y la intervención por la Obra del Señor es la parte activa del reconocimiento de Jesucristo. Esto se resalta en la epístola a los Colosenses: "Por tanto, de la manera que habeís recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe" (Colosenses 2:6-7). Los creyentes deben poner su vida al servicio del Señor y serle obedientes.
     El arraigamiento y la sobreedificación en el Señor Jesucristo comenzaron con el bautismo. De un principio como éste se habla de los Hechos: Pablo y Silas estaban en las cárceles que fueron liberados por ayuda divina. Al carcelero dijeron: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa". Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.[...] y enseguida se bautizó él con todos los suyos" (los Hechos 16: 31-33).
     El fortalecimiento de la fe ocurre, en definitiva, por la Santa Cena, "la cena del Señor" (comparar con 1 Corintios 11:20). En este Sacramento se experimenta y se acepta la salvación en Cristo. A ello se refieren las formulaciones en 1 Corintios 10 y 11. Además, gustar del cuerpo y de la sangre de Jesús es un reconocimiento de Cristo como el Señor que ha muerto, ´resucitado y que regresará: "Así pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga" (1 Corintios 11:26).
            Jesucristo es el Señor que regresará
           Que Jesucristo es el Señor resucitado, que ascendió al cielo y que regresará, forma parte de las certezas fundamentales de la fe cristiana. La supremacía que le fue dada a Jesucristo en la resurrección, se manifestará en su venida. Por eso, la comunidad anhela la aparición del Señor. Esto se expresa de diferente manera, pero el título "Señor Kyrios" desempeña una y otra vez un papel esencial: el día de nuestro Señor Jesucristo (comparar con 1 Corintios 1:8), la venida del Señor o la manifestación de nuestro Señor Jesucristo (Santiago 5:8;1 Corintios 1:7), la aparición de nuestro Señor Jesucristo
(1Timoteo 6:14) y la venida del Señor (Tesalonicenses 4.15).
       El anhelo de la comunidad por la venida del Señor también tiene su manifestación en el clamor de la expresión aramea "Maranata" que significa "Nuestro señor, ven" o " "El Señor viene" (comparar con 1 Corintios 16: 22). Este llamado se retoma en Apocalipsis 22:20; es una señal certera de la comunidad nupcial que reconoce a Cristo como su Señor:

"Amén; sí, ven, Señor Jesús".